Montík

junio 24, 2012

Probablemente este es uno de los posts que más trabajo me va a costar escribir, “dejamos ir” al Montiksillo ayer por la tarde, ya estaba viejito, justo la semana pasada había cumplido 15 años, y fue el perrito más lindo y más bueno que se puedan imaginar, un perro que fue muy querido, y al que voy a extrañar muchisimo, escribo esto suspirando y con los ojos vidiriozos porque de verdad me siento muy triste de que ya no lo encontraré al llegar a casa, ni me vera con sus ojitos, ni me movera la cola, de verdad estoy muy triste, sobre todo viviendo solo, el Montík me hacía muchisima compañía.

Hacía años desde que habíamos tenido nuestra última mascota, desde que estaba en Kinder, fue el Manitas a quien tuvimos que dejar en Teotihuacan, como mi papá era militar nos cambiaban de casa a cada rato y en los lugares donde teniamos que vivir no nos dejaban tener perro, las ganas eran muchas y ya por fin, con un lugar estable, era el momento de tener mascota de nuevo.

El Montík llegó en Junio del 2007 a la casa, chiquitito, tendría como 15 días de nacido, lo había traido mi mamá en una cajita de zapatos desde Martínez de la Torre, mi papá estaba viviendo allá, y tenía un amigo que tenía una perra boxer, y en sus 2 camadas anteriores siempre había tenido un cachorrito albino, mi papá le pidio que cuando se volviera a embarazar la perrita le apartara a ese boxer, y sí, la perrita se embarazó pero del perro del vecino, que era un labrador, salió esta raza criolla que ni idea como se llame, y en esa camada nació el Montík.

Fue una sorpresa para nosotros, sabía que estabamos en proceso de tener perrito, pero no sabía exactamente cuando lo traerían, yo estaba muy ocupado con los exámenes finales del bachillerato y los ensayos de Jesucristo superestrella, y emocionado porque en unos meses entraría por fin a la Universidad, mi mamá viajaba cada fin de semana a Martínez de la Torre a ver a mi papá y justo en uno de sus regresos llegó con la cajita de zapatos donde estaba el Montik, chiquitito, muy bonito, con su chipito negro y sus ojitos superexpresivos, el perrito más bonito que había visto en mi vida.

Le pusieron Montík, porque un año antes  a mi papá lo habían mandado en el ejercito a estar 9 meses en la selva chiapaneca vigilando al EZLN, allí los nativos en no sé que lengua indigena le decían “Buenas tardes Montík” que era como decir respetable señor, a mi papá le gustó eso y el fue quien le puso nombre al Montiksillo, y en seguida todos nos encariñamos, más yo, lo tenía siempre en mi recamara, le ponía unas tablitas a manera de barrera para que no se saliera del cuarto y se fuera a caer por las escaleras, como mi mamá se iba los fines de semana a Martínez nos encargaba a mi hermano y a mí al Montik, así entonces, nosotros nos lo llevabamos a los ensayos de Jesucristo Superestrella, y todas las chavas se volvian locas por el perrito, todas lo querían cargar y darle de comer con su mamila, le llevabamos mamila con leche, a la directora de la obra no le gustaba que llevaramos al Montik porque causaba mucha euforia, igual no le haciamos caso, siempre nos acompañaba.

En un principio el Montík andaba suelto en la calle, y le abriamos la casa para que se metiera y durmiera con nosotros, pero siempre andaba en la calle, se llevaba mucho con Gufy, un chihuahua de unas vecinas, cuando el Montík todavía tenía casi el mismo tamaño que el chihuahuita, allí andaban los dos perrillos corre y corre en la calle.

Una vez se quisieron robar al Montík, como la zona donde vivo apenas comenzaba a crecer y no estaba muy habitada, había muchas casas vacias, yo me asomaba por la ventana a cada rato para ver que el Montiksillo estuviera allí frente a la casa, pero no estaba, salí, lo empezé a buscar y sospechosamente a los minutos, estaba en la planta alta de una de las casas abandonadas a unas cuadras, me lo traje enseguida a la casa.

Luego era chistosisimo que te acompañaba casí hasta la carretera, caminando unas 6 cuadras, y tú le decías “Montík, ¡Regresate!” Y el perrito entendía y solito se regresaba a la casa, nunca se perdía, y cuando nos ibamos en el coche con mi papá el perrito salía corriendo atras del carro, rápidisimo, como mi papá no quería que lo fueran a lastimar por andarnos siguiendo, aceleraba para que no nos alcanzara y se metía en alguna calle para según él salir por otro lado, quien sabe como le hacía, pero el Montík siempre nos encontraba de frente, jajaja, de nada servían todas esas maniobras.

Una vez lo lastimaron, llegamos a la casa y cojeaba de una patita, se recuperó pronto de eso, pero desde esa vez su caracter cambió, se volvió más arisco y más agresivo con la gente extraña, y se le aventaba a la gente que pasaba en bici para morderlos, siempre sospeché que lo debió haber lastimado algún ciclista, mi papá puso barda en la casa y desde entonces había que sacar al Montik encadenado a pasear para que no fuera a lastimar a alguien.

Desde el primer día que le pusimos su cadena y hasta la semana pasada, siempre llevé a pasear al Montík, y ¡Como jalaba ese perro! tenía muchisima fuerza, como comía bien estaba musculosillo, y movia sus costillitas de una lado para otro al caminar, con la cabeza bien en alto, y siempre peleandose con otros perros, yo no lo dejaba, pero les gruñía y había que emplear más fuerza para alejarlo de las peleas, se le encrispaba el lomito cuando estaba muy enojado.

Hizo muchas travesuras el Montík, una vez me acuerdo, que de pronto quedó la puerta abierta de la reja de la entrada y que se escapa el Montík, salimos corriendo atras de el mi papá y yo para que no fuera a morder a alguien, y que se mete a la casa de un vecino que luego le daba de comer al Montík (Es que le caía bien) y que se va corriendo a su recamara, se sube a la cama y empieza a brincotear como niño chiquito, jajaja, que risa nos dió, bue… no creo que al vecino le resultara tan simpático como a nosotros.

Otra fue esa vez que llegué de la Uni, y me encontré a mi mamá regando las plantas frente a la casa, y el Montík saltando para tomar agua segun el del arco del chorro de agua, chistosisimo. En otra ocasión mi mamá había hecho albondigón para comer, y aquí luego de las tortillerías mandan a un fulanillo en moto gritando “Tortillas” para que le compres, mi mamá oyó que gritaba el de las tortillas, salió a comprar y dejó el albondigón en la mesa, cuando regresó el Montík se había comido todo el albondigón y mi mamá enojadisima, todos nos reímos mucho, a ella no le causó tanta gracia, hasta años despues cuando contabamos esa anecdota, comimos pizza ese día.

Alguna vez lo llevamos al mar, para que corriera, y allá andaba el perrito corre y corre como loco, como le gustaba correr al Montík, y repito, con una velocidad impresionante, y no se cansaba, luego lo metimos al mar pero pobrecito, nunca le atinó a nadar como hacen otros perros, se quedaba como pasmadito y se iba de lado, lo tuvimos que cargar todo el tiempo.

Era una pequeña ficha, estuvo muchisimas veces en el antirabico “detenido” por andar mordiendo gente, siempre cuidabamos no dejar la puerta del portón abierta, pero a veces el perro nos cachaba entrando y se salía corriendo y pescaba a alguna victima, mordió a una niña, a 2 viejitas, varios borrachos y mal vivientes, un par de niños, una muchacha, a varios perros…

Pero pobrecito, cuando mordía a alguien, en seguida la gente se iba a quejar al anti-rábico, malamente, porque solo tenían que preguntar por su cartilla de vacunas en la casa, pero en fin, se ardían porque el Montík los mordía, entonces el anti-rábico mandaba una carta de presentación, llevabamos al perro al modulo, con su cartilla para que vieran que estaba vacunado, y aun así, lo encerraban una semana para “estar en observación” y el pobre perrillo todo estresado, lo ibamos a visitar todos los días y siempre lo dejaban salir 2 o 3 días antes, claro está había que pagar “gastos de consumo” croquetas y agua al quintuple de lo que costaban, pero en fin, nos regresaban al Montík.

Una vez de nada sirvió, mordió a una viejita, lo llevaron al anti-rábico, estuvo una semana, fuimos por el, y bajando del carro, sale corriendo del carro y se va directo a morder a otra viejita, dhuuuu, entonces otra vez lo acusan, va de nuevo ese mismo día al anti-rábico, y el encargado de allí “Tiene que tener encadenado a su perro o lo mando a sacrificar”. Pero ya no hubo que dejarlo otra semana en “observación” pues acababa de salir, solo se pagaron “los gastos de papeleo” ¬_¬

Aquí segun yo posando muy rudo para una onda, y el Montík asomado junto a su colchón recargado en la pared muy tierno, echó a perder toda la rudeza de la foto 😛

Ah, porque el Montík tenía su colchón a donde dormir, y le encantaba, si se lo quitaban para lavarlo andaba cerca de su colchón y le urgía ponerlo en el piso para recostarse, si su colchón no estaba listo, entonces daba vueltas y vueltas en circulo mientras rascaba el piso, aun no sé porque, y luego se acostaba, y siempre te echaba una miradita si lo veías hacer eso, hasta que claro, su colchón estaba listo y corría a acostarse sin importar que apenas se lo pusieramos en su lugar.

Era un perrito muy sediento, tomaba muchisima agua, se acababa sus platos de agua y a cada rato había que estarle poniendo, bueno, se entiende, este es un lugar muy caluroso, pero aun haciendo frío siempre tenía sed.

De comida ya ni hablemos, todo el tiempo se la quería pasar comiendo, siempre le invitabamos cosas, como no era un perrito destructor, no mordía muebles, ni puertas, ni rompia cosas, tenia carta abierta para estar caminando donde quisiera por la casa, a la hora de comer, mi mamá nos llamaba e ibamos a la cocina y el primero en estar allí era el Montík, y era muy pedinche, recargaba su chipito en tu pierna y te hacía unas miradas para que le invitaras algo de comer…

Le enseñamos que se tenía que sentar para ganarse un cachito de algo “¡Sientate Montík!” Y el perrito muy obediente se sentaba, le fascinaban los adobos, la carne molida lo ponía muy nerviosito, le encantaba, el merengue del pastel, el helado, el flan, leche, las galletas de animalitos eran sus favoritas, las tronaba con mucho gusto cuando se las comía, en casa nada más nos las comiamos el Montík y yo.

Esta foto de aquí arriba es significativa, allí estan mi papá, mi hermano y el Montík, los extraño mucho a los 3, ninguno esta físicamente con nosotros ya.

Yo vivo en un fraccionamiento al norte de la ciudad que en aquel entonces era nuevo, muy cerca del mar, entonces toda la parte de “atras” la que daba hacía el mar, estaba desierta, literal, habían unas casas en obra negra, como que las estaban construyendo y las dejaron a medias, y a lo lejos unas dunas, como ya no podiamos dejar al perrito suelto en la calle, yo me lo llevaba con su cadena hasta las dunas, muchas cuadras lejos, como unas 15, y ya llegando allí, donde no había nadie, lo soltaba, apenas chasqueba el sonido del gancho de su cadena indicandole que estaba libre se ponía a correr, corría exageradamente rápido, era muy veloz…

Se echaba carreras sin exagerar como de media hora, no sé de donde sacaba tanta energía, corría y corría en esas dunas desiertas, a mí me servía de reflexionario llevarlo todas las tardes allí, sus “paseos” duraban como 2 horas, salía de la Uni por decir a las 3 o 4, llegaba a mi casa a las 5, apenas comía algo y como a las 5:30 me lo llevaba a pasear y ya regresabamos dos horas despues, repetí esa rutina como por tres años, los primeros en los que estuve en la Uni…

Despues los paseos tuvieron que hacerse más cortos, avanzaba en los semestres y tenía menos tiempo libre, aparte de que empezé a trabajar con mi papá, así que los paseos tuvieron que hacerse también nocturnos, ya no duraban 2 horas, eran como de 45 minutos, rodeaba la parte donde estaban las casa abandonadas…

Luego la zona empezó a crecer, las casas se llenaron de gente y tuve que hacer más corto el paseo del Montik, como de media hora, aun así y aunque ya la edad le empezaba a pegarle, perdió un diente inferior, estaba chimuelo, y le salieron canitas en su chipo, aun me jalaba cuando lo llevaba a pasear…

Tenía ojos muy expresivos mi Montiksito, no eran ojos de perro, eran como de persona, siempre te miraba, a donde sea que estuvieras en la casa el perrito te acompañaba, estaba allí contígo, y como cuidaba bien la casa de los malhechores, se había hecho su fama de perro bravo, te sentías seguro.

Tenía un oído o un sentido del horario impresionante, quiza ambos, ya en los últimos años de la universidad, a veces llegaba de la escuela como a las 10, o si alcanzaba a mi papá en su trabajo llegabamos como a las 8:30 de la noche, y el perrito sabía que ibamos llegando, mi mamá nos decía que unos minutos antes de llegar se ponía inquieto, corría junto a la puerta, empezaba a mover la cola y a ladrar hasta que llegabamos…

Que bonitas bienvenidas hacías chiquito, abría la puerta y allí asomaba su cabeza, y brincabas y movias la colita, y me ladrabas, pero era un ladrido especial, el que nada más hacía cuando quería que lo sacara a pasear, entonces tomaba su cadena y el ruido que hacía al chocar el metal de los eslabones lo hacía salir disparado a la puerta del portón, ni bien le abrochaba el gancho en su correa ya me estaba jaloneando para que abriera la puerta del portón y salieramos a pasear, le encantaban sus paseos, regresaba muy sediento, directo a la cocina donde lo esperaba su platito con agua…

No lo dejaban subirse a los sillones, una vez bajé las escaleras y que me lo encuentro dormido allí, le tomé la foto incriminatoria, porque si lo cachabas rápido se bajaba para que no lo vieras, pero esa vez estaba bien dormido…

…Ya se dió cuenta hasta que estaba junto a el.

A veces, cuando estaba en casa y llegaba su hora de pasear, el Montík subia las escaleras, iba hasta mi cuarto y empezaba a rascar la puerta ¿Quien le enseñó a leer la hora en el reloj? Nunca entendí como le hacía, pero era muy puntual, así que me levantaba del restirador y lo llevaba a pasear…

Le gustaba que le rascaras el pechito, se acostaba en su colchón y si uno le rascaba el lomito, se ponía de ladito y alzaba sus patitas delanteras, y le rascabas el pechito, y el levantaba su patita y te abrazaba el brazo en señal de cariño, y juro que sonreía.

A veces si tu estabas sentado se te acercaba y se te empezaba a embarrar como si fuera un gato, para que lo rascaras y le hicieras cariños, le gustaba que le rascaran atras de las orejas y arribita de su rabito…

Tuvo que estar varias veces en cirugía, la primera vez fue porque se peleó, le abrieron el labio y se le tuvieron que meter puntadas porque literalmente le quedó colgando su labio por uno de los costados de su chipo, otra vez fue porque le empezó a salir un tumor en sus testículo y lo tuvieron que capar, despues le volvieron a salir tumores en sus patas, uno muy grande y también lo operaron, y hace unos años le salieron tumorcitos en sus orejas, primero en una y luego en la otra, como si fueran globitos de agua, le mocharon sus orejas, pobrecito, pero era necesario para que siguiera viviendo…

Ya últimamente se había llenado de tumores, bolitas por todas partes, pero que ya no se podían operar, tendra como año y medio que el Montík dejo de subir las escaleras, siempre durmió en su colchón en la planta alta, pero sus patitas ya no tenían fuerza para subir los escalones, tendrá como medio año que incluso ya no se podía levantar bien, le costaba mucho pararse, sus ojitos se pusieron opacos, y su pelito ya no estaba terso como antes, los últimos meses había días que ya ni se podía parar, había que ayudarlo empujandole para que tomara impulso y pudiera pararse, sus paseos ahora eran realmente cortos, de 15 minutos, porque se cansaba mucho al caminar, pero aun tenía su miradita y te pegaba su cabeza, con su nariz siempre humeda, ya estaba muy cansado el pobrecito, en años perros tenía 105.

Gracias Dios mío, me diste el mejor perrito que pude tener, lamento mucho no haber podido teer más tiempo para cuidarlo, pero el sabía cuanto lo quería, viviendo solo estos últimos 4 años… bueno, no solo, me acompañaba el Montik, hizo que me sintiera seguro en casa, platicaba con el, le hacía cariños, lo consentía, si hacía calor hasta le ponía su ventilador para que no estuviera acalorado, que difícil es escribir en pasado, se siente un vacio tan grande y profundo, me tiemblan las manos sobre el teclado y se me salen las lágrimas, y se me cierra la garganta, voy a extrañarte muchisimo Montík, se me hace muy raro bajar las escaleras y no encontrarte fiel compañerito, ya no puedo abrazarte ni besarte, pero debes saber que te quiero muchisimo, y que algún día nos volveremos a encontrar.

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